Chiste: Costumbres de parejas

Chiste: Costumbres de parejas


- Esta era una pareja que llevaba varios años de feliz matrimonio.   - La única fricción era la costumbre del marido de tirarse un sonoro pedo cada mañana al despertarse.   - El ruido despertaba a la señora y la hediondez la hacía toser descontroladamente.   - Todas las veces ella le suplicaba dejara de hacerlo pues le descomponía el ánimo por varias horas, pero él seguía lanzándolos igual. - Esta era una pareja que llevaba varios años de feliz matrimonio. 

- La única fricción era la costumbre del marido de tirarse un sonoro pedo cada mañana al despertarse. 

- El ruido despertaba a la señora y la hediondez la hacía toser descontroladamente. 

- Todas las veces ella le suplicaba dejara de hacerlo pues le descomponía el ánimo por varias horas, pero él seguía lanzándolos igual. 

- Su argumento era que él no podía evitarlo y que además era algo de lo más natural. 

- Ella siempre le sugería que fuera a ver un doctor, pues pensaba que algún día se le iban a salir las tripas. 

- Entonces, en la mañana del Día de Acción de Gracias, ella se levantó muy temprano a preparar el pavo mientras él seguía durmiendo profundamente. 

- Cuando terminaba de aderezarlo, echó una mirada al cesto donde había puesto todos los desechos del animal, y una idea maliciosa se le vino a la cabeza... 


- Tomó el recipiente, y subió sigilosamente al cuarto. Con mucho cuidado echó las sábanas para atrás, le bajó los calzoncillos, y puso entre sus piernas los intestinos, páncreas y demás menudos del pavo. 

- Volvió a taparlo y después de un rato escuchó el habitual estruendoso pedo del marido, seguido por gritos despavoridos y pasos frenéticos hacia el baño. 

- La mujer no podía parar de reírse. Después de tantos años de sufrimiento había logrado desquitarse en forma tan magnífica. 

- Al rato, y todavía aguantando la risa, vio a su marido bajar con los calzoncillos todos manchados y con una expresión de horror en su rostro. 

- Mordiéndose los labios, ella le preguntó que era lo que pasaba y con lágrimas en los ojos, él respondió: 

– Cariño, tenías razón, todos estos años estuviste advirtiéndome y yo sin hacerte caso… 

– ¿Qué quieres decir? -preguntó ella- 

– Bueno, tú siempre dijiste que algún día se me saldrían las tripas de tanto tirarme pedos y finalmente ocurrió… ¡pero gracias a Dios y un poco de vaselina, pude poner todo de vuelta en su lugar! 
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