Un señor en un bar grita:
– ¡Camarero!
Y cuando ve que el camarero se acerca le dice:
– Hágame un favor. Encienda el aire acondicionado. El calor es sofocante.
«Encantado, señor», le responde amablemente el empleado y agrega:
– Estamos a sus órdenes.
A los pocos minutos nuevamente el señor grita:
– Camarero, venga por favor.
Camarero: – ¿En qué puedo serle útil? Señor:
– Apague el aire acondicionado. Hace mucho frío.
Camarero: – Por supuesto señor. Enseguida lo haré.
Al rato el diálogo entre el señor y el camarero sobre el aire acondicionado se repite.
Otro hombre que observa indignado la escena, no puede contenerse y llama al camarero para decirle:
– ¿Cómo tiene tanta paciencia con este pesado? Encender el aire acondicionado, apagar el aire acondicionado, volver a encenderlo, volver a apagarlo.
El camarero amablemente le responde:- Muchas gracias señor, pero no se preocupe.
Tenemos la obligación de atender a todos nuestros clientes y estamos encantados de poder hacerlo.
Además, le voy a hacer una confesión: no tenemos aire acondicionado.
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